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Una imagen cuando es impresa y reimpresa, relatada, proyectada sobre otras superficies materiales o regrabada desde otras pantallas pierde su contorno original. No desaparece sin dejar una estela de algo nuevo: una imagen-fantasma cargada de huellas. La superposición de capas en el plano visual produce una textura que evoca el proceso mismo de recordar. La memoria funciona como una reescritura constante del presente.

Al utilizar dispositivos que no garantizan fidelidad, se pone en cuestión la promesa de verdad de la imagen técnica. En lugar de mostrar lo que fue, estas imágenes muestran lo que queda: el residuo, la marca. Cada soporte dañado o degradado funciona como una superficie de inscripción que intensifica el espesor de lo visible.


La imagen se imprime y se desgasta. Se vuelve a imprimir.
Las texturas orgánicas del material, la simulación de la textura en el mundo digital.
Tecnologías olvidadas para invocar memorias perdidas.
Usar lenguaje discreto para nombrar lo que no se puede decir.
El acto de querer nombrar lo que aún nunca existió.